El cuerpo humano reacciona frente a cualquier estímulo. Pensemos en el miedo, un grito desesperado, un sujeto extraño acercándose, o el sonido de una bala. El hombre cuyo nombre no voy a escribir - ya que así lo pidieron Yoko Ono y Paul McCartney- fue quien provocó todas estas sensaciones en Jhon Lennon antes de dispararle y matarlo.
Eso, en el caso que el ex beatle haya sentido que demasiada calma después de grabar en el estudio Record Plant era extrañamente perturbante. O que regresar al edificio Dakota a las 10:50 de la noche , para dar las buenas noches a su hijo era demasiado temprano, para un hombre con muchos contratos y fans. "Ley de Murphy , le dicen".
Manipulemos las manecillas de nuestro reloj y retrocedamos a las 5 de esa tarde, Jhon y Yoko salían apresurados , tomados de la mano, con la seriedad de siempre en sus rostros calmos. Los ojos jalados de la japonesa y el extraño gesto de la boca ligeramente torcida del ingles, creaban una sonrisa artificial. Se veían glamorosos, pero amigables.
Era común que los fanáticos esperaran afuera del edificio Dakota para ver a Lennon y obtener su autógrafo, ese día el hombre de las sensaciones estaba ahí, dudando, convenciéndose, planeando. Logró obtener contacto con él , miró a sus ojos como el cordero y al lobo disfrazado . Lo miró detenidamente, esperando algo más, preguntando si había algo más - según la leyenda-. El hombre cuenta que Jhon lo sabía , que al firmar aquel autógrafo en el disco Double Fantasy, firmaba el contrato a la muerte.
Pero ni la película Ordinary People, ni un ejemplar del libro The Catcher in the Rye pueden explicar que alguien decida arrebatar cual ladrón, el mundo de alguien o del mundo a alguien.
Así es como volvemos a las 10 de la noche. Un corazón bombeaba nervioso sin motivo, arterias repletas de sangre como un cerebro lleno de melodías que no se pudieron oír, pasos solitarios , otros, que acompañaron a cinco balazos y el sonido del desplome. El grito ahogado de Yoko.
Así Lennon dejó de existir. Eterno.
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