Cada salida a las 6, saldré...
Lo vio echado en el pasto a pesar del frió característico de junio ,y una sonrisa le maquiló la cara toda la tarde . A penas pudo, ella fue a su encuentro. En ese momento él estaba acompañado por amigos mutuos. Personas, que en tan poco tiempo ganaron su confianza. Al igual que el refugio donde él se encontraba ya hace como cuatro horas.
Ese era su centro de operaciones . Ahí planeaban la próxima salida grupal o discutían sobre alguna tarea . Observaban a los chicos de ciclos superiores imaginando el futuro, o simplemente esperaban a que el pabellón "A" decidiera encender sus reflectores amarillos a las seis de la tarde para que alumbraran los árboles que los protegían de la lluvia . Y así entre rendija de hoja y hoja contemplar parte de sus siluetas iluminadas. El tiempo se paraba para escuchar sus sueños.
Pero esta fortaleza no solo era suya , muchos aprovechaban el acolchonado espacio verde para dormir o leer algún libro , si no estaban cómodos las mochilas eran buenas aliadas. Los gatos que aun rondaban por ahí eran los guardianes que se dejaban acariciar hasta que se aburrían y se iban. Las barras eran la entrada, de poco protagonismo, excepto cuando alguien decidía salir de ese ambiente irreal donde gobernaban sus mentes e ideales. Ahí conquistaron a sus amigos y se conquistaron a sí mismos.
